“El Mito de las dietas” Divulgación de frontera

Como prometí en una entrada anterior en este mes de vuelta al cole estoy reseñando todas las lecturas que he hecho este verano gracias a las diferentes editoriales que tienen a bien enviarme libros. Este que voy a reseñar es uno de los libros más sorprendentes y controvertidos que he leído últimamente. El autor, Tim Spector es un reputado investigador en el campo de la epidemiología con una más que sólida y reconocida carrera estudiando la obesidad y de la relación del microbioma. Durante mucho tiempo la investigación en nutrición se basaba en contar calorías ingeridas y calorías gastadas, pero pronto se vio que eso fallaba. Gente diferente con las mismas cifras podía estar obesa o delgada. Luego se vio que no todo depende de las calorías, también hay que tener en cuenta en forma de que se ingieren estas calorías. La presencia de fibra, la biodisponibilidad y la bioasimilación de determinados nutrientes influyen. Pero volvimos a lo mismo. Diferentes personas con la misma dieta y los mismos alimentos, podían tener respuestas muy diferentes. Y llegó la biología molecular y empezamos a secuenciar genomas y a ver que la genética de cada persona es importante, por qué según que versión o que número de copias de determinado gen tengas, puede influir en tus patrones alimentarios o en la capacidad para engordar o adelgazar. Así hemos descubierto genes o versiones de genes que correlacionan con la obesidad o con la delgadez. Y parecía que con estos tres factores (calorías, dieta y genética) ya teníamos todos los factores controlados, pero no, nada más lejos de la verdad. En la literatura médica empiezan a aparecer casos clínicos de gemelos idénticos en los cuales uno es obeso y el otro no, por lo que el tema está lejos de estar cerrado.

Un libro para ir anotando al lado.
Un libro para ir anotando al lado.

Spector ha dedicado gran parte de su carrera investigadora a estudiar factores determinantes en la obesidad. Para ello ha contado con importantes herramientas, como una base de datos de gemelos y líneas de ratones en los que se erradica toda la flora intestinal y se puede repoblar con los microbios que se desea. Gracias a estos estudios se ha podido determinar la importancia que tienen las bacterias intestinales en la forma en la que asimilamos los alimentos y en desarrollar o no determinadas patologías, y que microbios pueden ser beneficiosos. Hasta hace poco el estudio de la microbiota intestinal era poco menos que imposible. La única forma era coger muestras de materia fecal y cultivarla en laboratorio. Dado que muchas de estas bacterias son reacias a crecer fuera de su entorno y que la capacidad de identificación por métodos visuales o químicos es muy limitada, solo podíamos hacernos una idea lejana de lo que pasaba. Sin embargo en estos últimos tiempos la tecnología de secuenciación masiva ha permitido abordar este problema. Este es el punto más importante del libro, hace divulgación sobre este tema y sostiene la tesis que la mayoría de las dietas fallan por que no se tiene en cuenta estos factores. Desde este punto de vista el libro de Tim Spector es diferente a la mayoría de libros que se pueden encontrar en el mercado por abordar un tema muy novedoso por parte de un especialista en el tema y traer una perspectiva nueva, aunque el título es un poco equívoco. No es un libro de dietas ni un libro de consejos para adelgazar, es un libro sobre la influencia de la flora intestinal en nuestra salud y metabolismo. El libro contiene cientos de referencias a artículos científicos, la mayoría de ellos muy recientes. Esta es una de las fortalezas, pero también algo a tener en cuenta. En el momento actual nos encontramos en la fase de obtener un volumen ingente de información, pero hay tanta que quizás no la estamos entendiendo del todo. De la misma forma que en un época se dijo que el pescado azul o el aceite de oliva eran perjudiciales para la salud cardiovascular, no es descartable que parte de las afirmaciones del libro dentro de 10 o 15 años se modulen o se cambien ya que todavía no tenemos la perspectiva del tiempo y como cualquier campo novísimo, todo puede cambiar de un día a otro. De hecho en muchas partes del libro, debido a situarse muy en la frontera del conocimiento actual, el autor más que basarse en datos contrastables especula y hace afirmaciones que se basan en impresiones u opiniones personales. En la mayoría de casos el autor distingue cuando se basa en evidencia publicada y cuando son opiniones personales, con alguna que otra excepción que puede confundir. Dicho esto la parte de estudios sobre microbiota intestinal, gemelos e influencia de las dietas, así como los datos históricos es impecable y justifica la lectura del libro.

¿El nuevo alimento milagro?

Sin embargo hay algunos apartados donde el autor se aleja de su campo y realiza afirmaciones muy cuestionables que te hacen levantar la ceja o algunas directamente erróneas. Es especialmente preocupante cuando habla de higiene. Si un experto en seguridad alimentaria lee este libro se echará las manos en la cabeza por algunas de las afirmaciones que realiza el autor. Por ejemplo, cuando habla de leche y lácteos. Yo soy de las voces más criticas en la demonización del consumo de lácteos que se está produciendo actualmente. Lo repito y lo repetiré siempre. No hay ningún problema en consumir leche si no eres intolerante a la lactosa o alérgico. Dicho esto, el autor parece que se pasa al lado contrario y pretende que nos bañemos y nos hagamos lavativas con leche, o algo así. Realiza afirmaciones como interpretar la paradoja francesa (que los franceses tienen una dieta rica en grasas saturadas y menos infartos) en base a que ¡¡¡¡el queso es cardioprotector!!!!. Claro esto tiene una pega. El queso está presente en muchísimos alimentos ultraprocesados y en dietas poco aconsejables que sabemos que influyen en accidentes cardiovasculares. El autor da un doble salto mortal interpretativo y asume que el queso es bueno por los microbios que aporta, por lo que hay que consumir quesos que no hayan sido procesados, sino quesos artesanales y crudos, así como leche cruda. Asumiendo que esto puede ser una fuente de microbios beneficiosos, parece olvidar que también es una fuente de patógenos y de muchos problemas alimentarios. También se apunta a la moda de que la copita de vino diaria es sana, trata de justificarlo con el efecto que tiene sobre la microbiota, pero sin aportar ningún estudio concluyente. Uno que es muy malpensado y tiene la costumbre de leerse hasta el indice de los libros, no puede evitar cruzar esta información con que en los agradecimiento esté presente de forma cariñosa como anfitrión de sus largas estancias en Barcelona uno de los científicos promotores de lo bueno que es la copa de vino diaria o la cerveza para hidratarse, y cuyos estudios han sido muy cuestionados. Otra afirmación chirriante es cuando dice que es mejor consumir la fruta muy poco lavada, para aumentar la ingesta de microbios beneficiosos… olvidando que esta es una de las principales fuentes de intoxicaciones alimentarias. Es cierto que el porcentaje de microbios patógenos es una mínima parte del total, pero, con uno que te toque, no hace falta más y toda precaución es poca. Y en la página 368 realiza una afirmación cuanto menos estrambótica, critica el exceso celo con las fechas de caducidad y consumo preferente y acaba diciendo “que no conoce a nadie que haya enfermado por comer nada de su nevera”. La ciencia no funciona convirtiendo observaciones individuales en principios generales. Sin embargo, a pesar de estas afirmaciones cuestionables ( y dos o tres más que dejo para que descubra el lector), el libro vale la pena leerlo por adentrarse en un campo poco tocado en el tema de la divulgación.


3 Comentarios

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Eduardo Casasnovas

Hola José Miguel, he escrito un artículo que publicaré esta noche, a lo más tardar mañana por la mañana en http://www.sqmcomocurarse.es/426844666, no es ninguna crítica, es una manera de ver las cosas distintas. Quizás, tú, a mi edad las contemples también de forma parecida.
Muchas veces es malo saber tanto y, aveces, es preferible hacerse bastante el ignorante, e comprobado que discutir inapropiadamente es inútil, pero es bonito discutir, dialogar, para aprender.
Aquí te expongo un punto de vista distinto, no ya desde la ciencia oficial, si no de la ciencia de la experiencia, de lo cotidiano, del día a día. Y de acuerdo en que nosotros aplicamos lo que averiguáis vosotros.
Saludos,
Eduardo.

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