Hay una vieja máxima periodística que dice que “cuando un perro muerde a un hombre no es noticia, la noticia es que un hombre muerda a un perro“. Esto quiere decir que para que algo sea noticia tiene que salirse de la normalidad. El problema es cuando esto se aplica a las noticias científicas. Hace unos días, en un debate en la Universidad de Alicante, Bernardo Herradón comentó que el problema cuando haces investigación en toxicología es que no puedes publicar que tal compuesto es seguro, sino que lo que es publicable es lo contrario, la toxicidad. eso hace que algunos científicos tiendan a exagerar sus resultados para publicar más, tener más publicidad y sobre todo acceder a más financiación. En el campo de la toxicología tenemos varios ejemplos en España de científicos que cuando los entrevistan hablan que estamos viviendo en un apocalipsis químico, que nos estamos intoxicando todos, pero luego sus resultados hablan de datos in vitro, sin ningún estudio epidemiológico o en datos de campo que respalden sus datos. No obstante esta quimiofobia es muy rentable.

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El pasado tres de septiembre Bernardo Herradón, José Antonio López Guerrero y un servidor tuvimos una mesa redonda, moderada por José Manuel Gómez, sobre la alimentación moderna y los mitos relacionados con la agricultura ecológica y el uso de aditivos en la alimentación. La mesa tuvo lugar en la Universidad de Alicante el marco del curso de verano titulado: “La ciencia toma la palabra, los problemas sociales de las pseudociencias“.

Comparto dos entrevistas recientes sobre alimentación y los temas que trato en comer sin miedo en general.

La primera es de finales de mayo y fue emitida en el programa “La Rosa de los Vientos”. Estuve hablando con Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola.

Y aprovechando que compartíamos mesa redonda en la Universidad de Alicante, tuve el honor de inagurar el nuevo formato del programa “Entre Probetas” que dirige y presenta Jose Antonio López Guerrero (JAL) en Radio5. En la entrevista hablamos de “Comer sin Miedo” de transgénicos y del papel del divulgador.

Últimamente abundan las páginas web y los apóstoles de las plantas medicinales que hablan de las virtudes casi sobrehumanas de la Stevia rebaudiana. Se supone que entre otras propiedades cura la diabetes y reduce la ansiedad. La realidad es que esta planta contiene un compuesto, el glucósido de steviol, que tiene un gran poder edulcorante. Además no altera los niveles de insulina en la sangre, por lo que es apto para diabéticos, lo cual no quiere decir que cure la diebetes, de la misma forma que la sacarina o el aspartamo son aptos para diabéticos, pero no curan la diabetes. El problema que tiene la Stevia es que contiene otros compuestos con actividad farmacológica. Puede actuar como hipotensor y su uso continuado provoca esterilidad, de hecho uno de sus uso tradicionales entre los nativos del actual Paraguay era su uso como anticonceptivo.

E-960 en acción

La cuestión es que desde hace un tiempo la stevia se ha puesto de moda en determinados círculos que la consumen y aconsejan su uso, y aquí surgen los problemas. La stevia no es un alimento propio de la unión europea, puesto que es una planta que viene de sudamérica y que nunca se ha consumido, por lo que tiene que pasar por la ley de nuevos alimentos. Pasar este escollo legal es largo, duro y caro ¿Por qué? Pues en gran parte por culpa de los mismos que promueven el uso de la stevia ya que la ley de nuevos alimentos fue una estrategia política para bloquear la comercialización de transgénicos en la Unión Europea. Cualquier transgénico, por el simple hecho de serlo, ya se considera nuevo alimento. La cuestión es que la stevia no supero este escollo legislativo debido a la presencia de compuestos con actividad farmacológica. Sin embargo el glucósido de steviol si que está autorizado como edulcorante, concretamente es el E-960, que es muy natural ya que se obtiene a partir de la stevia, pero insisto, el consumo de la stevia como tal sigue sin estar autorizado.

Spot publicitario de la Coca Cola.

Por cierto, que después de la campaña que hicieron por la autorización de la stevia, resulta que los más beneficiados han sido las grandes multinacionales, que una vez conseguida la autorización, se han puesto a vender edulcorantes y productos a base de E-960. La misma Coca-Cola ha lanzado una versión de su producto con stevia en Argentina y de Sprite en Gran Bretaña, pero parece que no han despertado demasiado entusiasmo entre los consumidores.

Cuento todo esto por que ya que se considera anunciando y aconsejando el consumo de stevia, no estaría de mal recordar su prohibición. Esta semana ha saltado una notificación por encontrar hojas de Stevia rebaudiana en un producto destinado a consumo humano. Aquí van las dos notificaciones más recientes.

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Por lo tanto convendría recordar que la venta de productos como este no es legal, a pesar que se haga con total impunidad y nuestras autoridades aparentemente tengan cosas mejores que hacer:

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PD: la alerta de la alerta ha sido gentileza del Dr. Siel.

Estimados lectores. Antes que nada pedir disculpas por el largo parón vacacional, pero aunque no lo creáis todavía se puede vivir teniendo poco acceso a internet, es más, y se puede ser feliz. Estos últimos meses, al margen de haciendo el vago, he estado liado con algún que otro proyecto del que os informaré a su debido tiempo.

Una de las cosas que he estado haciendo este verano es ponerme al día con los libros que durante el curso no me he podido leer, por lo que aprovecho para compartir con vosotros los que me han resultado más interesantes.

Pedro Uris y Daniel Ramón Vidal
Pedro Uris (izda.) y Daniel Ramón. Fuente: eldiario.es

Empiezo porManá, novela que navega entre la Ciencia Ficción o la novelas de acción y espías, escrita por Daniel Ramón y Pedro Uris. Es una injusticia que este libro haya sido publicado por una editorial pequeña, lo que penaliza a nivel de distribución y promoción, por que es una novela que tiene poco que envidiar a muchos best sellers americanos, con la diferencia de que la trama tiene una base científica sólida, a diferencia de lo que pasa en la mayoría de novelas.

La portada del libro Maná, de Pedro Uris y Daniel Ramón Vidal

En general soy un lector voraz de Ciencia-Ficción. Entre mis logros está haberme leído los 100 libros de la gloriosa colección que sacó Orbis hace ya varias décadas y casi todo lo de Aldiss, Vonnegut, Asimov, K. Dick y similares, sin menospreciar a los injustamente olvidados autores de habla hispana como Domingo Santos y su fantástica revista “Nueva Dimensión” que leí de muy joven. A la Ciencia-Ficción no se le puede pedir rigor científico, pero si que parta de unas premisas y las cumpla. Por ejemplo, en la novela Mundo Anillo de Larry Niven generó todo un debate científico sobre la estabilidad del mundo descrito, y en las continuaciones el autor trató de demostrar que con la ciencia que conocemos el mundo sería estable. Sin embargo en Star Wars, los rayos laser no deberían de verse en el vacío ni las explosiones oírse… pero quitaría espectáculo.

El problema es cuando las licencias que se toma el autor hacen aguas por todas partes. Si la novela se sitúa en el futuro no hay problema en describir una hipertecnificación, aunque echando la vista atrás, nunca aciertan. Ninguna novela de ciencia ficción del siglo XIX o de principios del XX acertó con los móviles, internet, las tablets o la biotecnología. Si el autor opta por situar la historia en una realidad alternativa puedes asumir cambios en las leyes físicas… incluso magia (de hecho, todo el género de espada y brujería viene a ser una ciencia ficción en taparrabos y sin leyes de la termodinámica). Sin embargo si la trama se sitúa en la actualidad, en escenarios y ciudades conocidas, tienes que ser muy hábil como escritor para que el lector no llegue a un sitio en el que alguna parte de la trama le chirríe, la vea exagerada o fuera de lugar y se le pasen las ganas de seguir leyendo. Por poner un ejemplo reciente. A mi el trailer de Lucy cuando dice eso de “Dicen que utilizamos el 10% del cerebro” hace que se me quiten las ganas de ir al cine porque me da el mensaje que el guionista no se ha molestado en documentarse y asume una leyenda urbana. Pues este es el tipo de cosas que no suceden cuando lees “Maná.

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No puedo quejarme de la dedicatoria.

La novela teje una trama de acción en la que intervienen entre otros científicos, políticos, empresas de biotecnología, okupas y movimientos alternativos, ecologistas y policías alrededor del descubrimiento de una planta transgénica que podría cambiar el futuro de la humanidad. Es una novela muy entretenida, pero los detalles técnicos son correctos, como era de esperar si uno de los autores es Daniel Ramón, que fue premio nacional de investigación en la categoría de Biotecnología y muchos científicos que aparecen en la trama o son mencionados son bastante reconocibles. La acción es casi cinematográfica, lo cual no es de extrañar puesto que el otro coautor, Pedro Uris, es guionista y director de cine, de hecho creo que la trama daría para una excelente película. Una de las cosas que me ha gustado es que en dos momentos puntuales se permite el lujo de incluir dos guiños al realismo mágico, sin que creen ninguna disonancia en el desarrollo de la historia. Para entendernos, “Maná” es tan entretenida como leer el “Código da Vinci”, pero sin tener que inventarse burradas. Los personajes son tan reales que te puedes identificar con ellos y la trama es muy fácil de seguir. No hace falta saber biotecnología o “ser de ciencias” para disfrutar la novela, ya que como todo buen guion, la historia y los personajes son los que mandan, y los conceptos que se utilizan están al servicio de la trama y no al revés, por lo que cuando se hace necesario explicar algo se introduce en la historia con sencillez, y a diferencia de la mayoría de best sellers, con rigor. Lo dicho, una novela entretenida, con una trama que engancha y además, con base científica.

Me preguntan en qué consiste mi proyecto, seguramente se titule algo así como “Determinación espacio-temporal de la acción hormonal durante el desarrollo del fruto”, o no. No importa como se llame, pues no trata de nada de eso, trata de la naturaleza, de las flores, de las cerezas del pueblo, de la intimidad de las plantas, de su vida privada. No es casual el título de este post, ni tampoco original, pertenece a David Attenborough y da nombre a una apasionante serie documental de los 90.

Attenborough nos muestra cómo se comportan las plantas: desde el viaje de un coco a través del océano para perpetuar su linaje en una isla a miles de kilómetros; hasta como la Heliamphora, una planta carnívora de América del Sur, consigue atrapar insectos entre sus hojas y convertirlos en víctimas de una espantosa muerte amenizada por un cocktail de enzimas digestivos. Asombrosos mecanismos que las plantas han desarrollado a lo largo de su historia evolutiva para adaptarse a insospechadas condiciones ambientales, defenderse de sus atacantes, o asegurar su descendencia. Son tantas las habilidades de las plantas que comparándolas con Rajoy parece obvio preferir que nos gobierne una mata de pepino.

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Captura de un momento acalorado en el debate previo a las elecciones generales de 2015.

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¿A quién no le gustan las fresas? este híbrido (Fragaria x ananassa) que tiene su origen en el cruce de dos especies (Fragaria chiloensis x F. virginiana) es una excelente fuente de vitamina C, antioxidantes y fibra alimentaria, que ha adquirido una gran importancia económica y social, y a la que incluso se ha dedicado un museo en Bélgica.

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Como probablemente ya sepas, los virus son agentes microscópicos, de gran simplicidad estructural, que necesitan de la maquinaria interna de las células de los seres vivos para llevar a cabo su multiplicación. Una vez llegan al interior de las células, son capaces de acaparar esa maquinaria muy eficientemente en su propio beneficio, llegando a imposibilitar el desarrollo normal del organismo en cuestión. Su rango de víctimas es de lo más amplio y el reino vegetal no es una excepción. De hecho, las infecciones provocadas por agentes virales generan cuantiosas pérdidas económicas cada año en el ámbito de la agricultura, tanto en cultivos dedicados a alimentación humana o de ganado, como en el sector ornamental.

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Pie de figura: Virus en ornamentales, sus efectos. Ejemplo del virus Rose rosette virus en plantas de rosa. (Webs de procedencia: http://www.clemson.edu/extension/hgic/pests/plant_pests/flowers/hgic2109.html, http://blog.extension.uga.edu/urbanag/2013/05/rose-rosette-virus-an-emerging-problem/).

De manera similar a cómo el ser humano ha seleccionado las variedades que ha ido considerando más idóneas para sus necesidades a lo largo de la historia, “transformando” (interprétese el término de la manera más coloquial posible) plantas silvestres con pocos y pequeños frutos en las super-productivas plantas de la actualidad que nos dan esos frutos con características que los hacen parecer tan apetecibles en el supermercado, pero que tan inservibles resultarían a estas mismas plantas en la naturaleza, ante la aparición de epidemias virales, el hombre ha ido seleccionando aquellos cultivares menos afectados o más resistentes. En el contexto de mercado global en el que nos encontramos en la actualidad, no es de extrañar la facilidad con la que estas enfermedades pueden surgir por todo el mundo. De manera análoga a cómo la introducción de especies animales o vegetales exóticas en hábitats en los que no existe un depredador puede llevar a la desestabilización del ecosistema en favor del intruso, la importación de cultivos para su venta directa o siembra puede traer consigo cepas de virus que generen epidemias en un país diferente al de procedencia.

Los laboratorios de fitopatología han invertido una gran cantidad de esfuerzo y recursos en desarrollar herramientas para combatir esta problemática a distintos niveles, desde la mejora en métodos de detección, el estudio básico de los procesos moleculares que rigen las relaciones planta-virus, hasta la generación de plantas resistentes a determinados virus. Sobre este último punto la transgénesis tiene mucho que decir. Una vez identificada una diana de resistencia, la capacidad actual de introducir el gen responsable en el cultivo de interés nos abre la puerta a la generación de plantas resistentes en un corto (relativamente, dependiendo del caso) periodo de tiempo. No obstante, ni es tan sencillo reconocer esas dianas, ni en muchos casos, debido a la regulación actual, se podría llegar a buen puerto con un proyecto de transgénesis.

Las plantas carecen de un sistema inmune tal y cómo lo imaginamos al pensar desde una perspectiva antropocéntrica, no disponen de un complejo equipamiento de anticuerpos y demás sustancias defensivas con las que protegerse frente a los virus y generar memoria inmunológica. Sin embargo, no se encuentran del todo desprovistas de recursos para combatir las infecciones, sistemas como el que desencadena el VIGS o silenciamiento génico inducido por virus (de las siglas en inglés Virus Induced Gene Silencing), mediante el cual la planta es capaz de reprimir activamente la multiplicación del virus y detener su avance gracias a la emisión de señales al resto de tejidos de la planta, son claves en la batalla contra el virus. El avance del conocimiento en las características que gobiernan este fenómeno de las últimas décadas hacen factible su aplicación en fitopatología.

Esta posible aplicación fue la que inspiró la temática del trabajo de investigación que estoy realizando como proyecto de máster, combinar el VIGS con la protección cruzada, un fenómeno descrito desde hace ya varias décadas al observar cómo infectar una planta con un virus la convertía en resistente frente a otros. Muy someramente, lo que se pretende es combinar la capacidad los virus de conferir resistencia frente a otros, con la posibilidad que nos ofrece el VIGS de dirigir esa resistencia frente a un virus concreto que cause pérdidas económicas en ese cultivo. Lógicamente te preguntarás cómo infectar tu cultivo con un virus para prevenir la aparición de otro puede suponer ventaja alguna para el agricultor, la respuesta: los virus latentes. Se han encontrado multitud de virus que son capaces de llevar a cabo su ciclo de multiplicación y colonización de tejidos vegetales sin provocar perjuicios notables que puedan ser causa de la devaluación del cultivo, como la aparición de la sintomatología típica de virosis que incluye necrosis focalizadas, pérdida en turgencia, disminución de clorofila en el tejido foliar, malformaciones en los órganos, etc. El objetivo final es generar un vector viral latente, que infecte asintomáticamente un cultivo de interés agronómico y que lo inmunice frente a otras virosis, convirtiendo así a la propia amenaza, los virus, en el remedio para nuestros cultivos.

Post realizado por Sergio Galindo