Artículo realizado por María Sáiz, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Todos sabemos lo que es un virus y lo dañinos que son para los seres vivos. Pero un virus no es un simple estructura esférica o cilíndrica que destruye células, están compuestos de distintas partes que potencian a esa capacidad destructora o infectiva. Poseen una cápsula externa (CP) formada por la unión de distintas proteínas que se asemeja a un casco que les protege frente a las capacidades defensivas de las plantas y les permite viajar por toda la planta afectando al mayor número de células posible.

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Artículo realizado por Celia Payá, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

¿Plantas estresadas? ¿Cómo? Sí, sí, lo que estás oyendo curioso lector. Al igual que los seres humanos, las plantas también pueden estar estresadas. Nuestras compañeras están obligadas a permanecer durante toda su vida ancladas en el mismo sitio, por lo que tienen que ser capaces de aguantar días de frío extremo en invierno, veranos secos y calurosos, lluvias torrenciales… además de toda una serie de pequeños visitantes como pueden ser insectos, virus, bacterias u hongos que quieren aprovecharse de ellas. Pero aunque muchos no lo crean, ellas son mucho más astutas que nosotros y son capaces de activar toda una serie de mecanismos de defensa para hacer frente a este tipo de estreses y sobrevivir en condiciones extremas sin moverse ni un solo centímetro

Una vez introducidos en materia, ha llegado la hora de presentar a nuestros grandes protagonistas: los ESTOMAS. Los estomas son una especie de poros que tienen las plantas principalmente en las hojas y que son fundamentales para ellas ya que son los encargados de llevar a cabo el intercambio gaseoso entre la planta y el exterior, por ejemplo tomando CO2 y liberando oxígeno durante la fotosíntesis. Además, también tienen un papel clave en el sistema defensivo de las plantas ya que estas son capaces de abrirlos o cerrarlos cuando se encuentran amenazas bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, los estomas están abiertos durante el día para realizar sus labores diarias; sin embargo, cuando detectan algún problema en su entorno, por ejemplo una baja disponibilidad de agua, la planta cerrará sus compuertas reduciendo el intercambio gaseoso y por lo tanto disminuyendo la pérdida de agua, lo que le permitirá mantenerse lo más hidratada posible. Además, muchos patógenos aprovechan estas aperturas naturales para penetrar en ella y así poder colonizarla, por lo que el cierre de los estomas dificultaría mucho su entrada.

Ya hemos visto el papel tan importante de nuestros protagonistas en la vida de las plantas. ¿Qué os parecería si existiera un compuesto que fuera de capaz de inducir el cierre de estos estomas cuando a nosotros se nos antoje? Pues no le deis más vueltas lectores, yo tengo la solución.

En nuestro laboratorio hemos descubierto un compuesto al que hemos llamado HB (de su nombre científico en inglés “(Z)-3-hexenyl-butyrate“) que es capaz de inducir este cierre de estomas simplemente “sprayeándolo” sobre las plantas a una concentración mínima (1 mL de HB diluido en 2,5L de agua). ¿Qué cómo descubrimos nuestro compuesto estrella? Nuestro grupo de investigación está especializado en interacciones planta-patógeno, es decir, nos dedicamos a estudiar la relación o comunicación que hay entre una planta y su microscópico amiguito invasor que siempre intenta aprovecharse de ella, aunque no siempre se sale con la suya. Analizando la relación de pareja que había entre plantas de tomate y una bacteria que penetra en las plantas a través de los estomas, infectando a la planta completa y ocasionando grandes pérdidas en los cultivos conocida como Pseudomonas syringae, vimos que en este caso el tomate era el que mandaba en la relación e impedía que la bacteria se extendiera por toda la planta ocasionándole graves daños. Observamos que la planta de tomate sintetizaba toda una serie de compuestos de diferente naturaleza, entre los que se encontraba el HB, que le permitía frenar el crecimiento y avance de la bacteria. Seleccionamos una serie de estos compuestos inducidos por la infección bacteriana y realizamos tratamientos exógenos con ellos sprayeándolos sobre plantas de tomate infectadas con Pseudomonas syringae. Los resultados que obtuvimos tras tratar plantas de tomate con HB fueron inmejorables ya que el crecimiento de la bacteria se reducía casi a la mitad comparado con plantas no tratadas, por lo que sabíamos que teníamos algo muy importante entre manos. Esto se debía principalmente a que el HB provocaba el cierre de estomas en la planta y como la vía de entrada de esta bacteria es a través de estas compuertas naturales, al estar cerradas disminuía en gran parte su colonización.

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Artículo realizado por Constanza Martín, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

¿Qué piensas cuando escuchas la palabra mutante? Probablemente al igual que mi novio y mi compañera de piso piensan en los personajes de X-men. Pues bueno, los mutantes van más allá de una película de ciencia ficción, están entre nosotros y algunos los estamos estudiando. En el laboratorio donde actualmente me encuentro haciendo el trabajo final de máster, estudiamos tomates mutantes (espero no se imaginen un tomate asesino…).

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Artículo realizado por Javier Ocaña, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Si crees que voy a hablar sobre sexo estás en lo correcto, sin embargo, igual te desilusiona saber que será sobre sexo entre plantas y sobre todo me centraré en el resultado final: las semillas y su tamaño.

Desde hace muchísimo tiempo, los científicos que se dedican al estudio de las plantas, han intentado mejorar los cultivos haciendo que estos sean más resistentes a plagas o bien más resistentes a determinadas condiciones ambientales, como el frío o la sequía. Sin embargo, no todo en la ciencia es desarrollar una aplicación directa, sino que antes de poder desarrollar una aplicación es necesario conocer cómo funcionan las plantas en sus detalles más básicos y a partir de ahí diseñar herramientas biotecnológicas que permitan, por ejemplo, incrementar el rendimiento de un cultivo.

Ahí es donde entran en acción grupos de investigación como en el que estoy desarrollando mi tfm. En este grupo trabajan sobre cómo una planta modelo (Arabidopsis Thaliana) es capaz de producir un mayor número de semillas, ya que mayor número de semillas por planta supondría un mayor rendimiento de cultivo. Muchos genes están relacionados con este cometido, en mi grupo interesan sobre todo los genes relacionados con las giberelinas. Igual te estás preguntando ¿y qué son las giberelinas esas? Al igual que los animales, las plantas también presentan hormonas, esto es, sustancias que aun estando en cantidades muy bajas son capaces de regular y coordinar muchos procesos diferentes en un organismo; las giberelinas son un tipo de ellas y regulan muchísimos procesos en la planta tales como el crecimiento del tallo, paso de la fase juvenil a la fase adulta de la planta, favorecen la germinación de las semillas, la formación de ramas, entre otras muchas que en algunos casos ni se conocen aún.

Mi labor dentro del grupo es determinar si además de un incremento en el número de semillas se producen también diferencias en el tamaño de las semillas (longitud y anchura) y en caso de que existan diferencias intentar determinar a qué se deben: ¿No hay diferencias? ¿Hay diferencias en el desarrollo de los embriones de una planta que no produce giberelinas con respecto a una que sí las produce? ¿Las diferencias se deben a la cubierta que protege la semilla (testa) en lugar de al embrión? ¿qué genes está involucrados?

A la izquierda semillas de Arabidopsis thaliana; arriba a la derecha una fotografía de un embrión completamente formado.

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Artículo realizado por Sherezade Ortíz-Villajos, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

En los últimos años es bastante común ver en los telediarios noticias que indican que estamos atravesando el peor periodo de sequía en 20 años, o que la temperatura de la época del año de correspondiente es la más alta desde que se tienen registros. Además, también estamos acostumbrados a ver a agricultores, miembros de cooperativas agrarias, o dueños de campos particulares, quejarse porque debido a las condiciones climáticas su cosecha, ese año, se había visto perjudicada y, en consecuencia, las pérdidas iban a ser astronómicas.

Por otra parte, esto puede ser la consecuencia del calentamiento global que está acelerando el cambio climático. Es cierto que este cambio ocurre de forma natural y que el planeta ha atravesado varios de ellos, pero el problema radica en que el uso indiscriminado de combustibles fósiles, la industrialización masiva y actividades antrópicas en general, está generando tal cantidad de gases de efecto invernadero que están acelerando un proceso que debería durar siglos. Todo esto está generando problemas en la biodiversidad, puesto que los distintos organismos de los diferentes ecosistemas están viendo afectados sus ciclos biológicos, y el efecto mariposa de esto acarrea consecuencias a todos.

En el caso de las plantas, hay que tener en cuenta que son organismos sésiles, es decir, no pueden cambiar de localización o ir en busca de mejores condiciones para su desarrollo. Por desgracia, esto no es el universo de “El Señor de los Anillos” y nuestros árboles no son Ents que pueden andar e ir a la lucha contra el cambio climático. ¡Ojalá!

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Artículo realizado por Inés Medina, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Con la palabra “mutantes” no voy a hablar en este caso de personajes de Marvel, sino que voy a hacer referencia a plantas transgénicas. Y con la palabra “transgénicas” no busco asustar a la gente que asocia los transgénicos con aberraciones no naturales o con multinacionales, sino que me gustaría destacar la gran utilidad de estas plantas, las cuales serán necesarias para dar de comer, no sólo a los trabajadores de las grandes empresas, sino también a pequeños investigadores (o becarios) y, de manera más general, a la población, pues está sufriendo un aumento brutal en los últimos años, por lo que habrá muchas bocas que alimentar, y de forma convencional esto sería imposible.

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Artículo realizado por Eduardo Burillo, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Como antesala a lo que os vengo a contar hoy, cabe hacer una breve revisión histórica de los cultivos transgénicos. Hace aproximadamente 35 años aparecieron los primeros indicios de plantas transgénicas. Una década más tarde, en los 90, debutaron los primeros cultivos transgénicos, surgiendo así los denominados “Transgénicos de Primera Generación”. Estos, principalmente, eran cultivos que habían adquirido resistencia a herbicidas (la gran mayoría de transgénicas cultivadas), a insectos o a herbicidas e insectos (con menor prevalencia estos dos últimos). Así, permitieron hacerle la vida más fácil al agricultor (menos a aquellos agricultores que prefieren invertir su dinero en herbicidas o aquellos a los que les genere cierto morbo la posibilidad de perder la mitad de la cosecha anual por el capricho de un insecto), benefician al consumidor (principalmente en su salud y su economía: si el ganado no se alimentase con pienso elaborado con transgénicos, tu filete de “vaca vieja” no tendría mucho que envidiarle al precio del codiciado filete de buey de Kobe, entendiendo aquí la exageración), a las empresas (venta de semillas= dinero= empresa feliz) y al medioambiente (a menos que alguien demuestre que el abuso de insecticidas y pesticidas supongan un enorme beneficio). Así, en principio parecen una alternativa prometedora, ¿verdad?. Pues parece que no a ojos de todo el mundo, pues, casi 30 años después, el panorama está bastante estancado, pudiendo encontrar principalmente 4 especies trasngénicas en el campo (soja, algodón, maíz y colza) estando la mayoría únicamente en países en vías de desarrollo (19 países de los 28 en los que se permite su cultivo). Esto es así por la dura legislación a la que se someten este tipo de cultivos, destacando en este sentido la legislación europea, donde podemos encontrar pocos países en los que esté legalizado su cultivo, y siendo España uno de los primeros países europeos que apostaron por ellos (sí, de vez en cuando hacemos las cosas bien). Aún toca seguir luchando por concienciar a una mayoritaria sociedad que, a día de hoy, sigue pensando que transferir un gen de una especie de interés a otra de forma rigurosamente controlada (es decir, un transgénico), puede causar alguna especie de apocalipsis, mientras que la transferencia de cientos de genes de forma descontrolada (es decir, los cruces entre especies que se han llevado a cabo durante toda la vida por parte de los agricultores), no presentan riesgo alguno, pues es algo “natural”.

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Como todos los años empezamos con al serie de posts escritos por los alumnos.

Artículo realizado por Irene Azcona, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Este proyecto se centra en el papel que tiene la cubierta de la semilla en la longevidad (tiempo que tarda la semilla en perder su viabilidad). Los factores de transcripción AtHB25 y COG1 tienen una gran importancia en el reino vegetal y en el sector agrícola. Estudios realizados demostraron que estos factores de transcripción están implicados la síntesis cutina y suberina en la cubierta de las semillas de Arabidopsis thaliana y trigo alargando su longevidad.

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Ayer miércoles, justo después del partido del mundial, estuve con Antonio Rivera en el programa “A ciencia cierta” hablando de “¿Qué es comer sano?“. Después de la entrevista hicimos una tertulia científica junto a Pepe Blanca, Chimo Cañizares y Antonio Monforte sobre la historia del tomate, desde Perú hasta la actualidad. Espero que os guste.

Y aprovechando, el pasado lunes estuve en la misma emisora, en el programa puertas abiertas con Vicente Quintana, comentando la actualidad.