Artículo realizado por Beatriz Gayubas, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Todos los seres vivos tenemos una cierta esperanza de vida, unos más y otros menos, y luego están las malas hierbas que nunca mueren. Las plantas también, pero en este caso os voy a hablar de plantas que aún ni han nacido, ósea de las semillas. La longevidad de las semillas es el tiempo en el cual la semilla es capaz de germinar sin ningún tipo de problema, es decir, de que nazca una planta a partir de ella. Este tiempo es limitado, llega un momento al cabo de los años en que la semilla de alguna forma muere. Existen varios factores ambientales que dañan las semillas y acortan este tiempo, pero también hay factores en las semillas que las hacen más resistentes o menos. Por ejemplo, la cubierta de la semilla la aísla del exterior y la protege de los factores ambientales y por lo tanto cuanto más gruesa y resistente sea, más longeva será la semilla. Pero no solo eso, cuantos más compuestos antioxidantes tengan también serán más resistentes y longevas (esto es como su crema anti-edad o su zumito détox, pero sin postureo ni subir foto a Instagram).

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Artículo realizado por Lucio López, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Introducción básica: Nuestro cuerpo, al igual que el de cualquier otro ser vivo de la Tierra, funciona gracias a secuencias de DNA y RNA.

El DNA (ADN en español), se encarga de salvaguardar la información genética única de cada especie e individuo. Es, por así decirlo, el manual de instrucciones personal de cada uno, lo que explica por qué somos como somos y nos permite realizar las tareas que requerimos para vivir. Así pues, cuando nuestras células quieren construir algo (una proteína, por ejemplo, o una encima, una hormona…), hacen una copia de la región del DNA donde se encuentra la información para construirla.

No obstante, la proteína no puede ensamblarse en el núcleo de la célula, pues éste está reservado para el DNA, de modo que se hace una copia (o varias) de esta secuencia de DNA en “formato RNA” (por así decirlo, un pseudo-DNA que es capaz de salir del núcleo de la célula), las cuales se utilizan para generar las proteínas deseadas.

————————– Fin de la introducción básica ———————–

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Artículo realizado por Rubén Mateos, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Las protagonistas de esta historia son las semillas de una planta que, siendo honestos, no es más que un hierbajo, pero que fascina a la comunidad científica. Esta es Arabidopsis thaliana. Y gusta tanto no precisamente por tener las flores más espléndidas, ni las mayores hojas, ni porque desprenda una atractiva fragancia, sino por razones mucho menos aparentes. Simplemente, las claves de su éxito radican en que no es nada exigente y se cultiva muy bien en el laboratorio y en invernadero, se le pueden hacer diversas perrerías y el hierbajo sigue vivo, dispone del genoma secuenciado (fue la primera planta en tenerlo, de hecho), y que en unos dos meses tienes semillas, mi preciado sujeto de estudio. ¡Y ya tenemos toda una nueva generación!

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Artículo realizado por María Jesús López Martín, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

La alergia es una reacción inmunitaria del organismo frente a una sustancia generalmente inocua. Esta se manifiesta mediante unos síntomas característicos, cuando el individuo se pone en contacto con dicha sustancia.

Si revisamos los datos del pasado año 2017, de los 16 millones de alérgicos que hay en España, la mitad de ellos padecen alergia al polen. Se calcula que para 2030 el 25% de la población española será alérgica a este polvo fino. Y aquí, se plantea una cuestión ¿alérgico se nace o se hace? Hay unanimidad en el sector médico que afirma que, si bien existe cierta parte de herencia genética, el alérgico al polen se hace. Es decir, para que el sistema inmune del organismo produzca los anticuerpos correspondientes frente a los granos de polen, debe haber sido expuesto previamente a estos. Por tanto, cuando más intensa sea la presencia de factores ambientales que puedan provocar reacciones alérgicas, mayor número de alérgicos se irá registrando.

Las plantas que más alergia al polen producen son: Gramíneas, Olivo, Ciprés, Salsola, Plátano de sombra y Parietaria. Paradójicamente, estas familias vegetales suelen ser las predilectas para decorar, delimitar y enverdecer nuestras ciudades.

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Una de las tendencias en el campo de la divulgación científica es la antropología, y en especial la que hace referencia al origen del hombre. Probablemente el interés despertado por los hallazgos de Atapuerca, y que sea un campo en constante evolución y donde las noticias saltan con facilidad a los grandes medios de comunicación hace que el público tenga interés por leer los últimos descubrimientos en un campo que ha cambiado muchísimo en las últimas décadas. Sin embargo en esta fiebre de la divulgación antropológica hay una cosa que no deja de tener su gracia. Parece que todos los libros tratan de desentrañar una idea central, tratan de encontrar cual fue el factor determinante en la evolución del hombre. De hecho muchos suelen llevar un subtítulo del tipo “El/La XXXX nos hizo humanos”. Obviamente todos no pueden tener razón a la vez, y la idea de un factor desencadenante tampoco es nueva. El antropólogo Richard Wrangham publicó hace unos años el libro “Catching fire: how cooking made us humans“, no disponible en castellano, en el que sostiene que el dominio del fuego y el cocinado de alimentos fue el factor determinante en la evolución humana. Antes que él, el psicólogo Timothy Leary ya había postulado que el uso de drogas psicodélicas había expandido la mente humana y le había permitido al hombre aumentar sus capacidades y expandir el pensamiento abstracto, algo que nunca se acabó de creer nadie, salvo el propio Leary que pasó gran parte de su vida expandiendo su pensamiento con cualquier estupefaciente que tenía a mano. Hace unos meses hice la reseña de Homo Climaticus en el que José Enrique Campillo relaciona la evolución humana con los cambios climáticos que ha experimentado el planeta.

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Hace unos meses hablamos en la sección de “Escépticos” del Hoy por hoy sobre las dudas que la campaña de Greenpeace para salvar las abejas suscitaba. El tema es que denuncian una desaparición de los enjambres de abejas, pero en paralelo la producción de miel en Europa sigue subiendo. Raro ¿no?. He de decir que ha sido el único programa de toda la temporada que ha suscitado críticas y ocasionó que me llamaran muy enfadados de una asociación de apicultores por atreverme a dudar de la versión del problema, que estaban difundiendo junto a Greenpeace. Cuando les pregunté si iban asumir todos los escándalos en los que estaba implicada Greenpeace, incluidos los sexuales, y si no pensaban que esto iba a perjudicar la imagen del colectivo de apicultores, colgaron enseguida. Por otra parte también me llamó un apicultor jubilado, miembro del grupo de whatsapp donde habían difundido mi teléfono laboral para organizar una campaña de acoso (con poco éxito, como he mencionado solo llamaron dos y colgaron cuando hice alguna pregunta incómoda), para darme su apoyo y denunciar la radicalización del colectivo de apicultores, cada vez más vinculado a organizaciones ecologistas.

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Artículo realizado por María Lázaro, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Hablemos de las flores, a todos nos gustan las plantas con flor para adornar nuestras casas y jardines con su multitud de colores y formas. Las flores dan alegría, pero también nos dan de comer. Las frutas y verduras son parte esencial de nuestra dieta, y es que, no debemos olvidar que los frutos se forman como consecuencia de la polinización de las flores, que desencadena una transformación del ovario de la flor con el fin de generar una estructura que proteja a las semillas y ayude a su dispersión, el fruto. La floración es por tanto un proceso clave en el desarrollo de las plantas, y de hecho, el número de flores que produce la planta y el momento en el que éstas emergen son aspectos clave que determinan el éxito reproductivo de la planta.

Para saber cuándo es óptimo florecer, las plantas integran multitud de señales que reciben de su propio ciclo de desarrollo, como la edad de la planta, y también del ambiente, como la longitud de los días y la temperatura. Para algunas especies, a la hora de inducir la floración, cobra mayor importancia las horas de luz y oscuridad que la planta recibe, para otras, es la temperatura un factor clave, pero en cualquier caso, las plantas se las arreglan para poder florecer en el mejor momento. Cada especie posee un tiempo de floración propio adaptado a sus necesidades ecológicas, algunas florecen en los meses invernales como es el caso del cerezo o la camelia, mientras que otras posponen la floración hasta el comienzo de la primavera, como el almendro o el naranjo, o hasta los meses más cálidos del año, como las petunias. En realidad, dentro de una misma especie existen múltiples variedades adaptadas a condiciones diferentes y que en consecuencia, también presentan diferencias en su tiempo de floración.

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Artículo realizado por Mario Gutiérrez, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Es fácil imaginarse al gañan de turno (mondadientes en boca) recitando esta manida premisa en cualquier tasca casposa de nuestra geografía, rodeado de cabezas de toro disecado y bufandas del equipo local pero, ¿qué opinan ellas? Cómo no, hablo de las plantas. ¿Realmente es tan importante el grosor?

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Artículo realizado por María Sáiz, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Todos sabemos lo que es un virus y lo dañinos que son para los seres vivos. Pero un virus no es un simple estructura esférica o cilíndrica que destruye células, están compuestos de distintas partes que potencian a esa capacidad destructora o infectiva. Poseen una cápsula externa (CP) formada por la unión de distintas proteínas que se asemeja a un casco que les protege frente a las capacidades defensivas de las plantas y les permite viajar por toda la planta afectando al mayor número de células posible.

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Artículo realizado por Celia Payá, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

¿Plantas estresadas? ¿Cómo? Sí, sí, lo que estás oyendo curioso lector. Al igual que los seres humanos, las plantas también pueden estar estresadas. Nuestras compañeras están obligadas a permanecer durante toda su vida ancladas en el mismo sitio, por lo que tienen que ser capaces de aguantar días de frío extremo en invierno, veranos secos y calurosos, lluvias torrenciales… además de toda una serie de pequeños visitantes como pueden ser insectos, virus, bacterias u hongos que quieren aprovecharse de ellas. Pero aunque muchos no lo crean, ellas son mucho más astutas que nosotros y son capaces de activar toda una serie de mecanismos de defensa para hacer frente a este tipo de estreses y sobrevivir en condiciones extremas sin moverse ni un solo centímetro

Una vez introducidos en materia, ha llegado la hora de presentar a nuestros grandes protagonistas: los ESTOMAS. Los estomas son una especie de poros que tienen las plantas principalmente en las hojas y que son fundamentales para ellas ya que son los encargados de llevar a cabo el intercambio gaseoso entre la planta y el exterior, por ejemplo tomando CO2 y liberando oxígeno durante la fotosíntesis. Además, también tienen un papel clave en el sistema defensivo de las plantas ya que estas son capaces de abrirlos o cerrarlos cuando se encuentran amenazas bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, los estomas están abiertos durante el día para realizar sus labores diarias; sin embargo, cuando detectan algún problema en su entorno, por ejemplo una baja disponibilidad de agua, la planta cerrará sus compuertas reduciendo el intercambio gaseoso y por lo tanto disminuyendo la pérdida de agua, lo que le permitirá mantenerse lo más hidratada posible. Además, muchos patógenos aprovechan estas aperturas naturales para penetrar en ella y así poder colonizarla, por lo que el cierre de los estomas dificultaría mucho su entrada.

Ya hemos visto el papel tan importante de nuestros protagonistas en la vida de las plantas. ¿Qué os parecería si existiera un compuesto que fuera de capaz de inducir el cierre de estos estomas cuando a nosotros se nos antoje? Pues no le deis más vueltas lectores, yo tengo la solución.

En nuestro laboratorio hemos descubierto un compuesto al que hemos llamado HB (de su nombre científico en inglés “(Z)-3-hexenyl-butyrate“) que es capaz de inducir este cierre de estomas simplemente “sprayeándolo” sobre las plantas a una concentración mínima (1 mL de HB diluido en 2,5L de agua). ¿Qué cómo descubrimos nuestro compuesto estrella? Nuestro grupo de investigación está especializado en interacciones planta-patógeno, es decir, nos dedicamos a estudiar la relación o comunicación que hay entre una planta y su microscópico amiguito invasor que siempre intenta aprovecharse de ella, aunque no siempre se sale con la suya. Analizando la relación de pareja que había entre plantas de tomate y una bacteria que penetra en las plantas a través de los estomas, infectando a la planta completa y ocasionando grandes pérdidas en los cultivos conocida como Pseudomonas syringae, vimos que en este caso el tomate era el que mandaba en la relación e impedía que la bacteria se extendiera por toda la planta ocasionándole graves daños. Observamos que la planta de tomate sintetizaba toda una serie de compuestos de diferente naturaleza, entre los que se encontraba el HB, que le permitía frenar el crecimiento y avance de la bacteria. Seleccionamos una serie de estos compuestos inducidos por la infección bacteriana y realizamos tratamientos exógenos con ellos sprayeándolos sobre plantas de tomate infectadas con Pseudomonas syringae. Los resultados que obtuvimos tras tratar plantas de tomate con HB fueron inmejorables ya que el crecimiento de la bacteria se reducía casi a la mitad comparado con plantas no tratadas, por lo que sabíamos que teníamos algo muy importante entre manos. Esto se debía principalmente a que el HB provocaba el cierre de estomas en la planta y como la vía de entrada de esta bacteria es a través de estas compuertas naturales, al estar cerradas disminuía en gran parte su colonización.

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