Una de las tendencias en el campo de la divulgación científica es la antropología, y en especial la que hace referencia al origen del hombre. Probablemente el interés despertado por los hallazgos de Atapuerca, y que sea un campo en constante evolución y donde las noticias saltan con facilidad a los grandes medios de comunicación hace que el público tenga interés por leer los últimos descubrimientos en un campo que ha cambiado muchísimo en las últimas décadas. Sin embargo en esta fiebre de la divulgación antropológica hay una cosa que no deja de tener su gracia. Parece que todos los libros tratan de desentrañar una idea central, tratan de encontrar cual fue el factor determinante en la evolución del hombre. De hecho muchos suelen llevar un subtítulo del tipo “El/La XXXX nos hizo humanos”. Obviamente todos no pueden tener razón a la vez, y la idea de un factor desencadenante tampoco es nueva. El antropólogo Richard Wrangham publicó hace unos años el libro “Catching fire: how cooking made us humans“, no disponible en castellano, en el que sostiene que el dominio del fuego y el cocinado de alimentos fue el factor determinante en la evolución humana. Antes que él, el psicólogo Timothy Leary ya había postulado que el uso de drogas psicodélicas había expandido la mente humana y le había permitido al hombre aumentar sus capacidades y expandir el pensamiento abstracto, algo que nunca se acabó de creer nadie, salvo el propio Leary que pasó gran parte de su vida expandiendo su pensamiento con cualquier estupefaciente que tenía a mano. Hace unos meses hice la reseña de Homo Climaticus en el que José Enrique Campillo relaciona la evolución humana con los cambios climáticos que ha experimentado el planeta.

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Hace unos meses hablamos en la sección de “Escépticos” del Hoy por hoy sobre las dudas que la campaña de Greenpeace para salvar las abejas suscitaba. El tema es que denuncian una desaparición de los enjambres de abejas, pero en paralelo la producción de miel en Europa sigue subiendo. Raro ¿no?. He de decir que ha sido el único programa de toda la temporada que ha suscitado críticas y ocasionó que me llamaran muy enfadados de una asociación de apicultores por atreverme a dudar de la versión del problema, que estaban difundiendo junto a Greenpeace. Cuando les pregunté si iban asumir todos los escándalos en los que estaba implicada Greenpeace, incluidos los sexuales, y si no pensaban que esto iba a perjudicar la imagen del colectivo de apicultores, colgaron enseguida. Por otra parte también me llamó un apicultor jubilado, miembro del grupo de whatsapp donde habían difundido mi teléfono laboral para organizar una campaña de acoso (con poco éxito, como he mencionado solo llamaron dos y colgaron cuando hice alguna pregunta incómoda), para darme su apoyo y denunciar la radicalización del colectivo de apicultores, cada vez más vinculado a organizaciones ecologistas.

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Artículo realizado por María Lázaro, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Hablemos de las flores, a todos nos gustan las plantas con flor para adornar nuestras casas y jardines con su multitud de colores y formas. Las flores dan alegría, pero también nos dan de comer. Las frutas y verduras son parte esencial de nuestra dieta, y es que, no debemos olvidar que los frutos se forman como consecuencia de la polinización de las flores, que desencadena una transformación del ovario de la flor con el fin de generar una estructura que proteja a las semillas y ayude a su dispersión, el fruto. La floración es por tanto un proceso clave en el desarrollo de las plantas, y de hecho, el número de flores que produce la planta y el momento en el que éstas emergen son aspectos clave que determinan el éxito reproductivo de la planta.

Para saber cuándo es óptimo florecer, las plantas integran multitud de señales que reciben de su propio ciclo de desarrollo, como la edad de la planta, y también del ambiente, como la longitud de los días y la temperatura. Para algunas especies, a la hora de inducir la floración, cobra mayor importancia las horas de luz y oscuridad que la planta recibe, para otras, es la temperatura un factor clave, pero en cualquier caso, las plantas se las arreglan para poder florecer en el mejor momento. Cada especie posee un tiempo de floración propio adaptado a sus necesidades ecológicas, algunas florecen en los meses invernales como es el caso del cerezo o la camelia, mientras que otras posponen la floración hasta el comienzo de la primavera, como el almendro o el naranjo, o hasta los meses más cálidos del año, como las petunias. En realidad, dentro de una misma especie existen múltiples variedades adaptadas a condiciones diferentes y que en consecuencia, también presentan diferencias en su tiempo de floración.

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Artículo realizado por Mario Gutiérrez, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Es fácil imaginarse al gañan de turno (mondadientes en boca) recitando esta manida premisa en cualquier tasca casposa de nuestra geografía, rodeado de cabezas de toro disecado y bufandas del equipo local pero, ¿qué opinan ellas? Cómo no, hablo de las plantas. ¿Realmente es tan importante el grosor?

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Artículo realizado por María Sáiz, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Todos sabemos lo que es un virus y lo dañinos que son para los seres vivos. Pero un virus no es un simple estructura esférica o cilíndrica que destruye células, están compuestos de distintas partes que potencian a esa capacidad destructora o infectiva. Poseen una cápsula externa (CP) formada por la unión de distintas proteínas que se asemeja a un casco que les protege frente a las capacidades defensivas de las plantas y les permite viajar por toda la planta afectando al mayor número de células posible.

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Artículo realizado por Celia Payá, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

¿Plantas estresadas? ¿Cómo? Sí, sí, lo que estás oyendo curioso lector. Al igual que los seres humanos, las plantas también pueden estar estresadas. Nuestras compañeras están obligadas a permanecer durante toda su vida ancladas en el mismo sitio, por lo que tienen que ser capaces de aguantar días de frío extremo en invierno, veranos secos y calurosos, lluvias torrenciales… además de toda una serie de pequeños visitantes como pueden ser insectos, virus, bacterias u hongos que quieren aprovecharse de ellas. Pero aunque muchos no lo crean, ellas son mucho más astutas que nosotros y son capaces de activar toda una serie de mecanismos de defensa para hacer frente a este tipo de estreses y sobrevivir en condiciones extremas sin moverse ni un solo centímetro

Una vez introducidos en materia, ha llegado la hora de presentar a nuestros grandes protagonistas: los ESTOMAS. Los estomas son una especie de poros que tienen las plantas principalmente en las hojas y que son fundamentales para ellas ya que son los encargados de llevar a cabo el intercambio gaseoso entre la planta y el exterior, por ejemplo tomando CO2 y liberando oxígeno durante la fotosíntesis. Además, también tienen un papel clave en el sistema defensivo de las plantas ya que estas son capaces de abrirlos o cerrarlos cuando se encuentran amenazas bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, los estomas están abiertos durante el día para realizar sus labores diarias; sin embargo, cuando detectan algún problema en su entorno, por ejemplo una baja disponibilidad de agua, la planta cerrará sus compuertas reduciendo el intercambio gaseoso y por lo tanto disminuyendo la pérdida de agua, lo que le permitirá mantenerse lo más hidratada posible. Además, muchos patógenos aprovechan estas aperturas naturales para penetrar en ella y así poder colonizarla, por lo que el cierre de los estomas dificultaría mucho su entrada.

Ya hemos visto el papel tan importante de nuestros protagonistas en la vida de las plantas. ¿Qué os parecería si existiera un compuesto que fuera de capaz de inducir el cierre de estos estomas cuando a nosotros se nos antoje? Pues no le deis más vueltas lectores, yo tengo la solución.

En nuestro laboratorio hemos descubierto un compuesto al que hemos llamado HB (de su nombre científico en inglés “(Z)-3-hexenyl-butyrate“) que es capaz de inducir este cierre de estomas simplemente “sprayeándolo” sobre las plantas a una concentración mínima (1 mL de HB diluido en 2,5L de agua). ¿Qué cómo descubrimos nuestro compuesto estrella? Nuestro grupo de investigación está especializado en interacciones planta-patógeno, es decir, nos dedicamos a estudiar la relación o comunicación que hay entre una planta y su microscópico amiguito invasor que siempre intenta aprovecharse de ella, aunque no siempre se sale con la suya. Analizando la relación de pareja que había entre plantas de tomate y una bacteria que penetra en las plantas a través de los estomas, infectando a la planta completa y ocasionando grandes pérdidas en los cultivos conocida como Pseudomonas syringae, vimos que en este caso el tomate era el que mandaba en la relación e impedía que la bacteria se extendiera por toda la planta ocasionándole graves daños. Observamos que la planta de tomate sintetizaba toda una serie de compuestos de diferente naturaleza, entre los que se encontraba el HB, que le permitía frenar el crecimiento y avance de la bacteria. Seleccionamos una serie de estos compuestos inducidos por la infección bacteriana y realizamos tratamientos exógenos con ellos sprayeándolos sobre plantas de tomate infectadas con Pseudomonas syringae. Los resultados que obtuvimos tras tratar plantas de tomate con HB fueron inmejorables ya que el crecimiento de la bacteria se reducía casi a la mitad comparado con plantas no tratadas, por lo que sabíamos que teníamos algo muy importante entre manos. Esto se debía principalmente a que el HB provocaba el cierre de estomas en la planta y como la vía de entrada de esta bacteria es a través de estas compuertas naturales, al estar cerradas disminuía en gran parte su colonización.

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Artículo realizado por Constanza Martín, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

¿Qué piensas cuando escuchas la palabra mutante? Probablemente al igual que mi novio y mi compañera de piso piensan en los personajes de X-men. Pues bueno, los mutantes van más allá de una película de ciencia ficción, están entre nosotros y algunos los estamos estudiando. En el laboratorio donde actualmente me encuentro haciendo el trabajo final de máster, estudiamos tomates mutantes (espero no se imaginen un tomate asesino…).

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Artículo realizado por Javier Ocaña, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Si crees que voy a hablar sobre sexo estás en lo correcto, sin embargo, igual te desilusiona saber que será sobre sexo entre plantas y sobre todo me centraré en el resultado final: las semillas y su tamaño.

Desde hace muchísimo tiempo, los científicos que se dedican al estudio de las plantas, han intentado mejorar los cultivos haciendo que estos sean más resistentes a plagas o bien más resistentes a determinadas condiciones ambientales, como el frío o la sequía. Sin embargo, no todo en la ciencia es desarrollar una aplicación directa, sino que antes de poder desarrollar una aplicación es necesario conocer cómo funcionan las plantas en sus detalles más básicos y a partir de ahí diseñar herramientas biotecnológicas que permitan, por ejemplo, incrementar el rendimiento de un cultivo.

Ahí es donde entran en acción grupos de investigación como en el que estoy desarrollando mi tfm. En este grupo trabajan sobre cómo una planta modelo (Arabidopsis Thaliana) es capaz de producir un mayor número de semillas, ya que mayor número de semillas por planta supondría un mayor rendimiento de cultivo. Muchos genes están relacionados con este cometido, en mi grupo interesan sobre todo los genes relacionados con las giberelinas. Igual te estás preguntando ¿y qué son las giberelinas esas? Al igual que los animales, las plantas también presentan hormonas, esto es, sustancias que aun estando en cantidades muy bajas son capaces de regular y coordinar muchos procesos diferentes en un organismo; las giberelinas son un tipo de ellas y regulan muchísimos procesos en la planta tales como el crecimiento del tallo, paso de la fase juvenil a la fase adulta de la planta, favorecen la germinación de las semillas, la formación de ramas, entre otras muchas que en algunos casos ni se conocen aún.

Mi labor dentro del grupo es determinar si además de un incremento en el número de semillas se producen también diferencias en el tamaño de las semillas (longitud y anchura) y en caso de que existan diferencias intentar determinar a qué se deben: ¿No hay diferencias? ¿Hay diferencias en el desarrollo de los embriones de una planta que no produce giberelinas con respecto a una que sí las produce? ¿Las diferencias se deben a la cubierta que protege la semilla (testa) en lugar de al embrión? ¿qué genes está involucrados?

A la izquierda semillas de Arabidopsis thaliana; arriba a la derecha una fotografía de un embrión completamente formado.

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Artículo realizado por Sherezade Ortíz-Villajos, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

En los últimos años es bastante común ver en los telediarios noticias que indican que estamos atravesando el peor periodo de sequía en 20 años, o que la temperatura de la época del año de correspondiente es la más alta desde que se tienen registros. Además, también estamos acostumbrados a ver a agricultores, miembros de cooperativas agrarias, o dueños de campos particulares, quejarse porque debido a las condiciones climáticas su cosecha, ese año, se había visto perjudicada y, en consecuencia, las pérdidas iban a ser astronómicas.

Por otra parte, esto puede ser la consecuencia del calentamiento global que está acelerando el cambio climático. Es cierto que este cambio ocurre de forma natural y que el planeta ha atravesado varios de ellos, pero el problema radica en que el uso indiscriminado de combustibles fósiles, la industrialización masiva y actividades antrópicas en general, está generando tal cantidad de gases de efecto invernadero que están acelerando un proceso que debería durar siglos. Todo esto está generando problemas en la biodiversidad, puesto que los distintos organismos de los diferentes ecosistemas están viendo afectados sus ciclos biológicos, y el efecto mariposa de esto acarrea consecuencias a todos.

En el caso de las plantas, hay que tener en cuenta que son organismos sésiles, es decir, no pueden cambiar de localización o ir en busca de mejores condiciones para su desarrollo. Por desgracia, esto no es el universo de “El Señor de los Anillos” y nuestros árboles no son Ents que pueden andar e ir a la lucha contra el cambio climático. ¡Ojalá!

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