Consiguiendo arándanos más saludables

Por J. M. Mulet, el 5 agosto, 2026. Categoría(s): Master en Biotecnología vegetal ✎ 1

Post escrito por Carlos Varón, alumno del Máster en biotecnología molecular y celular de plantas.

 

El arándano es un pequeño fruto habitual en supermercados y mercados españoles (aunque como curiosidad, no es originario de España ni de Europa, sino de Norteamérica) que tiene múltiples beneficios para la salud, pues en otros, es rico en moléculas antioxidantes, fibra y minerales como el hierro o el zinc.

Con este perfil, y siendo nuestro país uno de los mayores productores a nivel mundial (casi toda la producción se concentra en Andalucía), es normal que se quiera mejorar la planta (por ejemplo, en cuanto a producción o calidad nutricional), y una vía para ello, aunque pueda sonar extraño, es el uso de bacterias.

Cuando escuchamos la palabra «bacteria», solemos pensar en enfermedades o infecciones. Sin embargo, muchas bacterias son esenciales para la vida y pueden convertirse en grandes aliadas de la agricultura. Algunas viven de forma natural en el suelo, cerca de las raíces de las plantas, donde establecen una relación de colaboración con ellas. Estas bacterias, conocidas como PGPR por sus siglas en inglés, son atraídas por sustancias que las raíces liberan al suelo. Aportan algún tipo de beneficio a la planta, ya sea ayudándola directa (ayudándola a defenderse de un patógeno) o indirectamente (facilitando que la planta tome los nutrientes del suelo). Y hay más, ya que estas bacterias pueden llegar a ser beneficiosas para la salud del suelo en general, algo cada vez más importante en una agricultura que busca ser más sostenible. Otra ventaja es que su utilización puede ser más sencilla y accesible que otras técnicas avanzadas, como la ingeniería genética, ya que se consideran herramientas de biofertilización.

En mi Trabajo de Fin de Grado se usó una bacteria del género Bacillus que ya había demostrado ser beneficiosa en olivo para ver que efectos producía en otra planta completamente diferente como el arándano (esta es otra ventaja del uso de estas bacterias, pues sus efectos beneficiosos puede que se den en otras plantas). Es importante destacar que solo se usan bacterias que no sean patogénicas.

Se inoculó en el suelo la bacteria de forma regular durante 8 meses y posteriormente se empezó a recolectar cada dos semanas durante 6 meses. Resultó que esta bacteria aumentó la producción total de arándanos un 11,45% sin disminuir otros parámetros relacionados con la calidad del fruto. Esta cifra, aunque puede parecer pequeña, se hace grande si se lleva a la producción en masa y a la gran escala.

Pero los beneficios no se limitaron únicamente a una mayor cantidad de frutos, también la calidad de los arándanos se vio aumentada, pues contenían mayor cantidad sustancias antioxidantes (un 22,11% para ser exactos) y su fotosíntesis estaba “potenciada” al compararlas con plantas no inoculadas con la bacteria.

Como se puede ver, las bacterias no siempre son enemigas. De hecho, pueden convertirse en auténticas aliadas para producir alimentos de forma más eficiente y sostenible. Gracias a estos pequeños microorganismos invisibles a simple vista, es posible producir más y mejor, ayudando tanto a los agricultores como a los consumidores.



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