El post de hoy es obra de Óscar Aleixos, alumno de la asignatura de comunicación científica del máster en biotecnología molecular y celular de plantas.
Imaginad una muralla que rodea una ciudad. Esta barrera separa el interior de la ciudad de lo que queda extramuros. Algunos atrevidos podrían intentar saltarla, tal vez hasta podrían conseguirlo. Sin embargo, es lógico pensar que la forma más sencilla de atravesarla es buscar una puerta y solicitar el paso a través de ella a los guardias de la ciudad. Ahora bien, las ciudades no son totalmente transigentes con las entradas y salidas: cada puerta solo puede dejar pasar a un tipo de transeúnte, en una dirección concreta y para realizar una función específica dentro o fuera de la ciudad. Cualquiera que no cumpla estos requisitos no tendrá permiso para atravesar los portones.
Pues bien, esta ciudad es como una célula, donde la muralla es la membrana plasmática. Es una barrera física que separa el contenido celular del medio extracelular. Por otra parte, estas puertas se conocen como transportadores. Existen muchísimos transportadores diferentes, con funciones muy diversas, que pueden dejar pasar distintos tipos de “visitantes”: azúcares, sales, señales químicas, hormonas… Algunos son muy conocidos y su función está ampliamente estudiada; otros, sin embargo, todavía se estudian con lupa para descubrir qué hacen y por qué son tan importantes para la vida.

Ese es precisamente el objeto de estudio de mi Trabajo Fin de Máster. En mi caso hemos trabajado con un transportador de hormonas vegetales. Pero surge la gran pregunta: ¿cómo se estudia algo así?
Imagina que estás viendo un partido de fútbol. ¿Cuál dirías que es la mejor forma de conocer la importancia de un jugador para su equipo? Suena lógico pensar que quitarlo es una de las mejores formas de saberlo: lo sientas en el banquillo y observas cómo funciona el equipo sin él o ella. ¿Marcarán más goles? ¿Perderán más pases? ¿Mejorará o empeorará su juego colectivo?
En biología esta estrategia se ha utilizado durante décadas para conocer las funciones de las piezas que forman parte de un proceso. Una vez has retirado ese componente que te interesa, solo queda observar el comportamiento del “equipo” y tratar de inferir el papel concreto que cumplía. Esto es lo que en biología se conoce como “caracterización”.

Volviendo al símil de la ciudad, si eliminamos una puerta concreta cuya función desconocemos podremos estudiar el comportamiento de la ciudad y ver qué sucede. ¿Empeorará la salud de sus habitantes? ¿Afectará al comercio local? ¿Alguien se beneficiará de este cambio? Tal vez observando estos efectos podamos deducir a quién dejaba pasar esa puerta y con qué fin.
En mi caso, hemos utilizado plantas que no tenían el transportador que queríamos estudiar, es decir, hemos cerrado una de las puertas de la muralla, y hemos observado los efectos en el desarrollo de la planta. Concretamente, hemos medido si hay diferencias en el crecimiento, en el número de flores que producen o en el tiempo que tardan en florecer estas plantas, respecto a plantas que no han cerrado esa puerta.
Todos estos datos se recopilan, se analizan y se comparan con los de plantas normales. Así, paso a paso, vamos descifrando la función del transportador y su relevancia para el buen funcionamiento de la “ciudad vegetal”.

