El post de hoy es obra de Llorenç Gibanel, alumno de la asignatura de comunicación científica del máster en biotecnología molecular y celular de plantas.
¿Alguna vez te habías planteado si somos los únicos seres vivos que reciben spam? Pues la respuesta es que no, aunque solamente aquellos más “evolucionados” lo sufrimos. Con el concepto de spam celular me refiero, básicamente, a toda aquella información genética no deseada: desde el genoma de un posible virus atacante hasta genes de la propia planta que puedan interferir con diferentes procesos del desarrollo o el bienestar de la planta.

Para esta ardua tarea, las plantas han desarrollado una batería de moléculas llamadas pequeños ARN interferentes (siRNAs). Estos se producen normalmente desde el ADN, como el ARN mensajero, que transmite la información del ADN a los siguientes pasos de la cadena de ensamblaje celular.
Estas moléculas son capaces de reconocer la información genética no deseada y, con la ayuda de su Sancho Panza, la proteína Argonauta, hacerla añicos. El descubrimiento de este mecanismo abrió una nueva ventana —¡qué digo ventana!—, un gigantesco ventanal de oportunidades que explotar para los biotecnólogos de plantas.
Los primeros pasos que se dieron en la biotecnología de los ARN fueron crear el ARN de interferencia (RNAi), que, para nosotros, es prácticamente igual que el siRNA, pero más largo. Gracias a esta tecnología se han conseguido productos biotecnológicos muy interesantes, como el tomate FLAVR SAVR, el primer producto biotecnológico comercializado en Europa (ahora prohibido), que se mantenía más tiempo maduro sin perder calidad.

Los RNAi permitieron llevar a cabo muchos avances, tanto en materia de investigación como en la creación de nuevas variedades de vegetales. Sin embargo, estos tienen efectos indeseados; vaya, que producían spam secundario. Esto se da por la longitud del RNAi, ya que cuanto más largo, más probabilidad de equivocarse de objetivo.
Unos años después se desarrollaron los siRNAs artificiales (asiRNAs), que llegaron para solucionar esta problemática. Los asiRNAs cumplen las mismas características que los siRNAs, pero se diseñan computacionalmente teniendo en cuenta el funcionamiento de la célula, para no
entrometerse en él. Además, al ser más cortos, proporcionan otras ventajas, tanto respecto a nosotros al trabajar con ellos como respecto a las posibilidades de uso que se les puede dar.
En lo que respecta a los genes propios de la planta, esta tecnología podría tener efectos muy parecidos a la tan famosa tecnología CRISPR. Esta herramienta permite mutar un gen para que no se exprese la información que puede ser un potencial spam. A diferencia de CRISPR, que al perder la función del gen impide que se vuelva a expresar desde el momento en que se produce la mutación, con los asiRNAs podemos modular nuestro gen diana a voluntad. Esto toma particular relevancia si el gen tiene alguna función vital en alguno de los estadios del desarrollo de la planta.
Desde mi punto de vista, la virguería más impresionante que se ha logrado gracias a esta tecnología es la de obtener un ejército de virus inocuos para la planta, pero capaces de plantar cara a una infección vírica con resultados muy positivos y que, además, se puedan pulverizar; es decir, sin métodos de aplicación tediosos. Aunque aún falta para que pueda ser una realidad en la agricultura biotecnológica (no imposible, ya que no se usarían plantas transgénicas), parece ser una buena 06herramienta para hacer frente al spam celular.

