El post de hoy es obra de Francisco Saraguro, alumno de la asignatura de comunicación científica del máster en biotecnología molecular y celular de plantas.
¿Alguna vez has probado algo tan salado que inmediatamente te dio una sed intensa? Ahora imagina que las plantas sienten algo semejante cuando se encuentran en suelos con exceso de sal. Esto provoca un “estrés por sed” haciendo más difícil la hidratación y, por lo tanto, esto se traduce a un cambio en el crecimiento y supervivencia. Ahora imagina que esto no solo ocurre en el espacio de una sola planta, sino a más de 160 millones de hectáreas de cultivo como maíz, trigo y arroz, que podrían representar casi la mitad del alimento mundial. El desarrollo de variedades sostenibles que persistan bajo este estrés y que además conserven o mejoren sus características es una necesidad en el mercado mundial

Pero aquí empieza la verdadera batalla por sobrevivir, desde el instante en que la semilla toca el suelo salino, y continúa cuando las primeras raíces se abren paso, deben afrontar su primer reto: crecer. Todo empieza en las raíces, que son las primeras en enfrentarse a este exceso de sal y enviar la primera señal de alarma al resto de la planta. A partir de ese momento, comienzan las estrategias para defenderse: algunas células logran expulsar el exceso de sal, otras liberan moléculas que avisan del peligro y, actuando en conjunto, toda la planta modifica su crecimiento para resistir.
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¿Entonces, cómo podríamos ayudar como investigadores? Pues para esto usamos un sistema modelo: Arabidopsis thaliana, una pequeña planta que, aunque pueda pasar desapercibida, ha sido objeto y protagonista de grandes avances científicos. Mediante esta planta y sus variaciones naturales es posible descubrir qué genes comunes se han mantenido listos para responder a estas señales de peligro. Y sí, lo hemos encontrado: genes que actúan como interruptores que, en presencia de una señal, deciden si la planta resiste, se adapta o se rinde. Estos genes controlan desde el crecimiento de los tejidos, la floración, formación de frutos, así como las respuestas a otros estreses como la sequía, salinidad y la resistencia a patógenos, lo que los convierte en los posibles salvadores de esta crisis inminente.
La salinidad ya no es un problema lejano, imponen un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo de las plantas. Pero en esta aparente debilidad de las plantas, se esconde una increíble fortaleza que está en constante adaptación. Tal vez la próxima vez que veas a una planta creciendo en lugares difíciles, venga a tu mente que fuera de nuestra vista, se está librando una batalla constante y fascinante hacia la supervivencia… una batalla que, con ayuda de la ciencia, podría cambiar el futuro de lo que comemos.
Referencia:
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